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Capítulo II GLP

CAPÍTULO II

LOS PRECEPTOS DE LA MASONERÍA

Es inevitable reconocer en Vidaurre -a pesar de no ser reconocido como masón- atisbos de la masonería lo cual es fácil de creer debido al alcance ideológico que poseía la misma en el mundo occidental desde mediados del s. XVIII donde nació el libre pensamiento que cuestionaba el absolutismo. Por este periodo, Francia se ve dividida por dos facciones que por un lado defendía y reconocían como única forma de gobierno las monarquías hereditarias, mientras que el otro extremo solicitaba un republicanismo. Así como otros pensamientos, la llegada de estas ideologías resultó inminente para América e incluso la misma Europa. El rousseanismo francés y el liberalismo anglo norteamericano, fueron los cuerpos doctrinales principales que constituirían la mentalidad de los patriotas americanos.  El pensamiento francés por este entonces se mostró muy radical, en comparación a los masones ingleses que se mantuvieron leales a la corona. Es por ello que una influencia de la francesa será el soporte bajo los ideales de San Martín y Bolívar esto debido principalmente a la pertenencia de los grupos masones a los que llegarían a formar parte ambos libertadores. Más adelante podremos seguir la historia de cada uno junto al origen de la mentalidad masónica en América.

Después   de   su  participación   clave   en   la revolución norteamericana y, sobre todo en la francesa, la masonería se consagró como la cuna del pensamiento revolucionario frente al orden tradicional y avanzó hasta el territorio hispanoamericano en el siglo XIX trayendo consigo el ideal de construir un Nuevo Mundo, formando nuevos hombres que “requieren el continuo profundizar en el estudio de las nuevas corrientes de pensamiento en la búsqueda de ser mejores      interlocutores      de      la      sociedad contemporánea, y por qué no, líderes en la discusión de los grandes temas de la sociedad de las comunicaciones en que se ha transformado la humanidad” (Herrera 2007, p. 50) De este modo, constituida por muchas logias pero basada en una misma estructura, el ideal masónico fue uno de los motores fundamentales de las Independencias hispanoamericanas; personajes   como   San   Martín,   O’Higgins   , Bolívar, entre otros, se unieron a esta fraternidad que se expandía cada vez más rápido por nuestras tierras a inicios del s. XIX y que pregonaba la autonomía de las colonias y    la concepción de nuevos países en donde se rechazara toda forma de explotación del hombre y se practicará la beneficencia sin ostentación, como un imperativo de solidaridad social5. Por consiguiente, serán edificados justamente sobre dichos preceptos los ideales de República que los liberales      defendieron      hasta      lograr      la Independencia.  En este punto, es necesario

retroceder hasta los orígenes de la masonería, tanto para solidificar nuestro planteamiento como para entender su devenir desde un modo de pensamiento hasta un estilo de vida. Entonces, ¿en dónde nace la masonería? ¿cómo surgió su formación? ¿qué cambios ha suscitado a lo largo de su trayecto?

Cronológicamente, podemos decir que existen tres etapas de la masonería. La primera la hallamos en la Edad Media, en donde las agrupaciones por oficio eran parte del sistema laboral medieval, es ahí que nace la masonería operativa, junto con los canteros agrupados en los gremios que, a pesar de ser la fase primera de la masonería, ya contaban con el peso simbólico en sus  labores, de ahí que podemos observar signos lapidarios en los templos de los siglos XI – XV que para los canteros tenían significados con relación al gremio y al oficio de construcción medieval que ellos realizaban, significados que con el pasar de los siglos se extenderían hasta volverse símbolos masónicos universales. Es por ello que podemos decir que esta etapa no solo significó el nacimiento de un grupo humano unido por un oficio en común, sino que significó también la cuna de todas las alegorías que la masonería moderna o actual pregonan en nuestro tiempo. Esto debido a que en esta etapa se sientan las bases para lo que en un futuro serán los símbolos propios de la masonería, por ejemplo, si en la masonería operativa el cincel significaba  una  herramienta para  la construcción de los templos, conforme va evolucionando la masonería, esta herramienta se convierte en un símbolo, ya no se tallará la piedra, sino que la piedra es ahora el alma del hombre y el cincel las herramientas intelectuales que este hombre utiliza para amoldar su propio espíritu. De ahí que la masonería tiene como lema “Hacer mejores a los hombres buenos”, pero para llegar hasta este nivel filosófico, tuvo que pasar primero por su primera fase, la fase operativa; y es operativa justamente porque el trabajo de estos canteros significa un esfuerzo físico, un trabajo material. No es sino muchos años después que, en medida iba disminuyendo la demanda del oficio, el gremio comenzó a admitir a personas de otro rubro y fue creciendo sin dejar de lado la carga simbólica que había desarrollado en la etapa de la masonería operativa.  A esta segunda etapa podríamos llamarla como la etapa de los aceptados, la cual fue una etapa de conversión entre lo operativo y lo netamente especulativo, en esta etapa de transición el trabajo manual y físico va siendo desplazado lentamente por el trabajo intelectual, los

símbolos que nacieron en la primera etapa se convierten en alegorías que cada vez cobran mayor profundidad filosófica, como lo explicamos anteriormente.

La     masonería     especulativa     se     establece finalmente, en la época moderna, aproximadamente en el s. XVII, en esta etapa las alegorías han abordado todo el trabajo masónico y se utilizan solo de forma especulativa todas las costumbres que la tradición masónica ha ido tejiendo a lo largo de los años; su labor es regida bajo una serie de símbolos que le permiten desarrollar   acciones en el ser humano que repercuta y tenga impacto en la sociedad.