CAPÍTULO I
BASE HISTÓRICA Y TEÓRICA PREVIA AL PRIMER CONGRESO CONSTITUYENTE
Como se anotó anteriormente, la independencia no tiene una fecha exacta de origen, incluso es complicado datar su final. Por consiguiente, este recuento tratará de datar los intentos -dentro de lo que se ha entendido por Perú y por su territorio- “independentistas”, entendida de manera amplia para mencionar los hechos desde la misma Conquista, en la cual nació el nombre Perú.
Los trece de la isla del Gallo, pintura de Juan Lepiani (1902). Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, Pueblo Libre – Lima.
Sabido es que antes del virreinato hubo un periodo, que se puede enmarcar dentro de la Conquista, donde el Perú fue una gobernación capitaneada por Francisco Pizarro y en la cual hubo intentos separatistas e invasores de los mismos españoles. Luego el virreinato, que, con un inicio caótico, logró conformar un orden que se mantendría durante más de 200 años, pero que en la cual hubo momentos de disrupción que llevarían al 28 de julio y al Congreso Constituyente.
La humanidad, en general y, en personal, el individuo, se alimenta de ideas, sueños y metas para dar un orden y sentido a su vida. Estructura ese conjunto de forma racional para poder expresarlo y comunicarlo coherentemente y así ser entendido. Estos individuos fueron los que dieron el bagaje teórico, siempre necesario, para expresar aspiraciones comunes o sectoriales y poder conformar un ideal de nación, tan presente en el s. XIX. Por lo cual abordaremos la figura de Manuel Lorenzo de Vidaurre que, a pesar de no ser reconocido como masón, tiene una fuerte relación con la ideología masónica. Esta será la ruta para este apartado del conjunto.
1.1. Conquista, gobernación y virreinato hasta el siglo XVIII
¿El acto de Conquista se puede tomar como un acto independentista? De la óptica con la cual se la mire dependerá la respuesta. La historia tradicional dice que no, que fue un acto de sometimiento de un pueblo a otro, que gozaba de autonomía. Pero no podemos negar que los mismos Incas fueron un pueblo conquistador y, por ende, sometían a otros pueblos, aunque con cierta soberanía y, aun así, manteniendo un aparato de control desde la panaca misma. Por lo cual algunos indígenas vieron a los españoles como sus libertadores, los dadores de su nueva independencia de los incas. Otros, algo parecido a los futuros reformadores, aceptaron cambiar de señor pues los beneficiarían más, logrando tener cierta autonomía, hasta que el control de la corona se hiciera total.
Como se mencionó, en estos años nació el nombre de ‘Perú’ para referirse al territorio administrado por los Incas, pues “no lo tenían los indios en su lenguaje” (Garcilaso, 2019, p.30), es decir un nombre propio para su tierra. El nombrar es encasillar, y, por extensión, dominar, pues lo impuesto no es por voluntad de los obedientes, pudiéndose decir que los intentos de la independencia del Perú, de España, inician cuando nace el nombre ‘Perú’.
Túpac Amaru I (1545-1572), el último inca de Vilcabamba. Anónimo
Podemos hablar de intentos separatistas a partir de las guerras civiles entre los conquistadores, y no se debe entender separatista como un desligarse de la metrópoli, pero sí de su brazo más fuerte que fue el dominio de Pizarro. O también de reformismo, pues un sector reclamaba privilegios y beneficios que no les fueron otorgados. El enfrentamiento entre viejos amigos, Pizarro y Almagro, es el primer intento de tomar el Perú y replantearlo, pero no por ello reemplazarlo. A la muerte de su padre, Almagro “El Mozo”, secundado por viejas guardas de su predecesor, fue el encargado de seguir con la obra ya iniciada, pero cuyos intentos fueron vanos al venir el aparato administrativo de la península.
Los incas de Vilcabamba fueron un tránsito, entre el caos conquistador y el nuevo orden hispánico en América. ¿Se los puede tomar como independentistas? En la medida en que se aspiró a separarse de España y reorganizar el imperio de los incas, sí, demostrándose así una aspiración por la autonomía, la cual desgraciadamente no logró registrarse en textos de los mismos incas. Los más importantes, de los cuatro, fueron Manco Inca, el primero, y Túpac Amaru, el último soberano de Vilcabamba, pues ambos batallaron por la ya perdida gloria del Imperio del Sol.
El primer intento español de autonomía real o reformismo extremo lo podemos encontrar en 1544 con la Rebelión de los Encomenderos, encabezados por Gonzalo Pizarro. Esta rebelión quiso establecer un orden más justo para con ellos mismos, pues se creían en la potestad de señorear sobre el territorio conquistado por ellos a sangre y sudor. Gonzalo fue nombrado por sus partidarios como Gobernador del Perú, llegando a asesinar al primer virrey, Blasco Núñez de Vela, con lo cual hay una ruptura con la península, aunque se mantenía un aparato administrativo español. Sin embargo, fue sofocada la insurrección, pero no por esto los aires se calmarían, pues años después estalla la rebelión de Hernández de Giron, por casi los mismos motivos que llevaron a los encomenderos a las armas. El último “gran” nombre, pues hasta Bolívar llegó a mencionarlo como un precursor independentista en pleno siglo XVI, fue el de Lope de Aguirre, la Ira de Dios, el Traidor, el Peregrino, el Príncipe de la Libertad y también el Tirano, quien logró dominar zonas de la selva amazónica y Venezuela, logrando enfrentar de igual a igual a las fuerzas de Felipe II, nombrándose como príncipe. Según sus cartas, la poca recompensa y nulo reconocimiento de sus hermanos de armas fue lo que los llevó a tales acciones. Si bien todos estos intentos fueron infructuosos, y el virreinato peruano se instauró, es innegable ver cómo el separatismo y reformismo se iban trazando desde el naciente Perú, con los indígenas por un lado y los españoles llegados por otro.
Tenemos que hacer un salto temporal algo drástico, pues el virreinato se mantuvo estable hasta el s. XVIII, donde se dieron las primeras conspiraciones registradas, como la de 1750, en la cual, el 22 de julio del mismo año, son ejecutados unas personas por ser “acusados de delito de conspiración” (O’phelan, 2019, p. 356).
Cabe resaltar que los sentenciados fueron personas de oficios comunes, como botoneros, zapateros, etc. Lo cual indica una disconformidad con el orden que se iba estableciendo. También se encuentra la supuesta conspiración de los carolinos, ligados al Real Convictorio de San Carlos, la encargada de enseñar a las élites, sin embargo, bajo la dirección del reformista Toribio Rodríguez de Mendoza la institución tomaría aires inadecuados para la corona española. Esta fue su principal conspiración: enseñar sobre libertad y autonomía.
Es imposible no mencionar las dos grandes rebeliones en los hemisferios no costeros: la de Juan Santos Atahualpa y la de José Gabriel Condorcanqui. El primero abogaba por un restablecimiento del Tahuantinsuyo, bajo nuevas formas, pero poniendo sus bases en ese pasado glorioso para los indígenas. Fue un verdadero intento de independencia indígena, pues abogaba por la expulsión hispana del territorio peruano y así reconstruir un mundo que no era ni peruano ni español. El segundo fue más impuro en lo étnico, pero más puro en lo ideal, aunque las facciones en un grupo tan grande son inevitables y con llevan al separatismo interno, la cual fue una de las causas del derrotero. Englobar a indios, mestizos, negros y españoles “buenos” parecía un proyecto descabellado, pues, ¿por qué aceptar a tu enemigo en tu bando? Quizá se quería plantear un Perú para aquellos que se sintieran peruanos, pues “cuando inicia la revolución habla de ‘gente peruana’, la que ha nacido ‘aquí’; el indio, el negro, el mestizo, el criollo” (de la Puente, 2019, p.220). Por último, se tendría a Túpac Catari, cuyo accionar se repartió en el Alto Perú. Estas dos últimas rebeliones trajeron unas reformas para los indígenas, cuya identidad se fue perdiendo, solo sobreviviendo en base al sincretismo y al ocultamiento de información o, en todo caso, el alejamiento de comunidades.
Como se puede apreciar, estos acontecimientos tendrán su impacto en la tradicional historia de independencia.
1.2. Corrientes Libertadoras de América
La partida de Bolívar liberaría a Venezuela del control español en la batalla de Carabobo en 1821. El general Antonio Paez y sus llaneros y voluntarios británicos e irlandeses derrotaron el ejército español. En la batalla de Pichincha en mayo 24 de 1822 bajo el mando de Antonio José de Sucre se desarrollaría la contienda en las laderas del volcán Pichincha a la vista de la ciudad de Quito. Al norte, Simón Bolívar había liberado el Virreinato de Nueva Granada en 1819, y al sur, José de San Martín había liberado Argentina y Chile, desplazándose hacia Perú. El 25 de mayo, Sucre entró en Quito y aceptó formalmente la rendición de todas las fuerzas españolas.
1.3. Siglo XIX, conspiraciones peruanas, rebeliones y la intervención extranjera
Las corrientes libertadoras gestadas en toda América comienzan a tener un enorme impacto sobre las masas que ya avizoraban un final de la colonia. Luego de ir venciendo y proclamando la independencia de los países vecinos, quedó como última instancia la liberación de Perú, que se tenía como uno de los centros con mayor poder entre los virreinatos.
Para entender la sucesión de los hechos, debemos antes internarnos en los acontecimientos dentro del propio virreinato. Dentro del mismo, los grupos sociales estaban divididos, de entre estos, la clase criolla, sobre todo la élite, aunque siendo acaudalados vencedores de los virreyes, estos “[…haciendo girar la maquinaria imperial], paradójicamente, en beneficio propio, o sea, de las élites provinciales” y a pesar de esto eran “ricos sin poder” (Neira, 2019, p. 123). Ello suponía para esta clase el confinamiento político, ya que, el poder que buscaban aún lo detentaban peninsulares. Más la situación debía cambiar al sobornar y comprar puestos públicos a los cuales sí podían acceder, equilibrándose los poderes; sin embargo, tuvieron que enfrentarse a pugnas sobre derechos legítimos, ya que, sin un reconocimiento totalmente oficial por parte de la corona sus libertades de posesión no serían válidas. Sobre esto, “la corona empieza a desconfiar del criollo porque comienza a sentirlo más americano que español” y este “criollo vive el resentimiento, se siente postergado” (de la Puente, 2019, p.221).
Debemos añadir que en los diferentes sectores hay una ambivalencia en lo que respecta a la fidelidad. El fidelismo “también incluía a un número relevante de miembros de la nobleza incaica” (Guerra, 2019, p.326), por lo cual se deja notar que los indígenas no fueron un simple actor pasivo, su participación fue importante, pero relegada, porque “los que dirigen la Independencia son los criollos universitarios; evidentemente los dirigentes del fenómeno van a ser hombres del pensamiento” (de la Puente v 2019, p.221). Pero también tenemos otras influencias: los autonomistas, los reformistas y los separatistas. Mas el virreinato peruano siempre se mantuvo fiel a la corona, a pesar de las rebeliones que veremos más adelante.
Virrey José Fernando de Abascal. Pedro Díaz. Museo de Arte de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
1.4. Primeros precursores en el Perú
Primer Congreso Constituyente del Perú (1822-1825). Autor anónimo. Museo del Congreso y la Inquisición.
Este grupo de precursores doctrinarios se dividieron en aquellos que buscaron mejorar el gobierno colonial denominados los precursores reformistas y lo que la libración en su lucha por acabar con la dominación española se llamarían precursores separatistas. Frente a lo que pareció una quimérica lucha por la independencia, la democracia peruana vería la luz junto a figuras como las de Toribio Rodríguez de Mendoza, José Baquíjano y Carrillo, Francisco Javier Mariátegui, Juan Pablo Vizcardo y Guzmán, Hipólito Unanue, Manuel Lorenzo y Vidaurre, entre tantos otros. Las regiones de nuestro país se encontraron íntegramente representado por esos nombres en su lucha contra el servilismo. La energía del pueblo peruano en contra de la corrupción de la autocracia silenciaría el servilismo. Se asienta la tradición liberal y se rechaza todo vasallaje impuesto y cualquier otro gobierno de régimen despótico. Estos principios, aún en el día a día, nos acompañan como herencias de nuestra historia y se instala como deber ciudadano.
A continuación, haremos un breve recuento de las figuras más destacadas de este círculo. Una de ellas será José Baquíjano y Carrillo que se caracterizó por ser reformista de planteamiento y pensamiento liberal. Estas características serán comunes en la gran parte de los precursores doctrinarios. Baquíjano en específico se destacó por apoyar la renovación de los estudios, la protección de la prensa libre y la difusión del enciclopedismo. Toribio Rodríguez de Mendoza como docente trasmitió sus ideas desde una posición defensora del pensamiento cristiano, afirmó que por medio de la educación la generación llegaría a la independencia. Su labor se sustentó en una sólida fidelidad al pensamiento cristiano, con una voluntad que pretendía asumir los valores intelectuales, científicos y sociales del siglo XVIII. Juan Pablo Vizcardo Guzmán se consolidó como uno de los principales representantes de la corriente separatista. Con la expulsión de los jesuitas, viaja a Europa para escribir Carta a los españoles americanos, texto dirigido a los criollos en América. Se forma la Sociedad de Amantes del País en 1790 donde se reúnen jóvenes intelectuales con ideas reformistas e ilustradas. Participaron también en el Mercurio Peruano.
1.5. Manuel Lorenzo de Vidaurre, entre el reformismo y la autonomía.
Nacido en Lima en 1773, siendo jurista por oficio, por lo cual vio al virreinato desde un aspecto jurídico que puede mejorarse sin romper con lo ya establecido. Pero sus viajes por Europa y Estados Unidos, le hizo ver que la mejor vía posible era el separatismo en todo sentido, dejando a un lado la idea de las reformas desde la metrópoli.
Su fuerte sentido de justicia se ve marcado en sus escritos, pues dice: “En nada aprovechará la expulsión del español feroz, si no publicamos unos códigos perfectos” (Vidaurre, 2019, p.166), con lo cual se puede notar que asocia el bienestar social con el bienestar de las leyes que rigen a tal sociedad, pudiendo intuir que, si España hubiera aplicado tales normas, otra hubiera sido la historia, pues el peso normativo y su cumplimiento aseguran un correcto desempeño de la clase del estado. Para esto se necesita a la razón y su correcto uso, declarando que “el remedio a este mal, a este radicado mal, es la ilustración” (Vidaurre, 2019, p.167), siendo el mal la ignorancia y servidumbre a la cual está sometido el pueblo, dando a entender que por medio de la educación se pueden alcanzar los más altos ideales.
De esto deriva su carácter humanitario, siendo que para él haya dos preceptos primordiales: todos los hombres nacen libres, deben continuar siéndolo, y son iguales en sus derechos y el fin de toda asociación, es mantener los derechos naturales imprescriptibles del hombre (Vidaurre, 2019, p.168), el segundo principio defiende al primero. Se debe anteponer la noción básica y luego defenderla, ratificándola de alguna manera, y eso es lo que hizo. El clasismo y el castismo no eran para él nociones que debían
gozar de validez universal, pues atentan contra esos principios que todo hombre debería tener. Siendo así, también está en contra de la aristocracia, sobre todo contra la nobiliaria, la que se adorna de títulos. yendo incluso contra las normas, escritas y no escritas, que detentaban ese poder: no debe haber títulos, no debe haber mayorazgos, primogenituras, fideicomisos, patronatos de legos (Vidaurre, 2019, p.172). Sentenciando muy drásticamente y siendo un mensaje que debe de llegar hasta nuestros días: El que quiere distinciones no quiere república (Vidaurre, 2019, p.172), pues en la república todos son iguales ante el mayor ente, que, guiado por la justa razón divina, que tiene validez: la ley.
Algunos podrían decir: ¿es un demócrata? No, una república no es igual a una democracia, solo basta ver al imperio romano. Esta distinción, a pesar de la humanidad presente en él, la tiene muy clara, añadiendo que “una democracia absoluta es el preámbulo de una monarquía despótica” (Vidaurre, 2019, p.173), siendo esta democracia absoluta una donde toda norma no se cumpla, ya sea la tradicional o la jurisdiccional, pues se rompe el orden que uno a un individuo de otro. Esa democracia absoluta es el libertinaje, y ese libertinaje es la monarquía más despótica que puede haber, pues, aunque no tenga reino tiene acción sobre otros.
Sus ideales pasados no se van de buenas a primeras, pues, aunque separe a España de sus ex-colonias, sabe que se necesita un hombre fuerte que haga cumplir la normatividad en el país, por eso menciona que “al Dictador nada se le oculta: él tiene en una mano la espada, en otra el Código: él manejará ambas con valor y con prudencia” (Vidaurre, 2019, p.170), pues sabe que dictador no es igual demonio y, en todo caso, confía en la ilustración que puede tomar tal dictador.
Vidaurre encierra y sintetiza muy bien el deseo sanmartiniano y el republicano, un poder absoluto y una sociedad regida por leyes y administrada por ciudadanos ilustres. Un reformismo separado. Este ideal lo quiso ver en Bolívar, pero este no cumplió las expectativas, y ante el desencanto se volvió un feroz crítico del venezolano.
Los motivos vertidos nos hacen ver que él es la síntesis de esas ideas, que la gente de su época, no logró conciliar, ni lo intentó. Vidaurre entendió que no hay separación si no hay reforma y que una democracia de buenas a primeras, no es un camino seguro para personas que faltan en capacidad y que deben ser mejor educadas. Aun así, no abandonó el sueño de ver una sociedad justa e igualitaria, ideal que poco a poco el Perú trata de tomar y cumplir.
1.6. Primeros grupos políticos en el Perú (Los primeros partidos políticos de 1810)
Para Jorge Basadre, la historia de los partidos políticos en el Perú comienza a partir del 10 de enero de 1822 con la Sociedad Patriótica fundada por el general San Martín y Bernardo de Monteagudo. Dicha sociedad Patriótica fue integrada por figura tan notables como la del intelectual Francisco Javier de Luna Pizarro quien defendió con vigor las ideas liberarles, creada para la discusión de gobierno conveniente para el Perú; será la que se alzaría como uno de los primeros partidos durante el contexto, así como los primeros pensadores o ideólogos de la Independencia. En este círculo se debatiría el destino del Perú como futura República o Monarquía. Ahora bien, pese a que esto significó un avance para la nueva estructura del país, aún sería muy temprano para identificar a dicho grupo de política como partidos esto debido principalmente a las constantes polémicas entre ideólogos de la época inicial que se encargaron de demarcar estas diferencias al señalar que aún era muy prematuro. Adicional a ello, se encontraban también los debates entre las ideas liberales y conservadoras que llegarían a formar parte importante del periodo histórico sobre el que se debatían ideas de nación e identidad.
Se estima que la formalización de los partidos políticos en el Perú se logró en dos etapas; la primera, es la que acabamos de señalar, etapa importante que dejó ideas que pudieran componer estos grupos. A inicios de la República serían notables la corrientes constitucionales o doctrinales como el liberal en las constituciones de 1823, 1828, 1834 y la de 1826 que fue conservadora.
1.7. Integrantes del primer congreso constituyente: Francisco Javier de Luna Pizarro, José Faustino Sánchez Carrión y Francisco Javier Mariátegui
El Perú tras su independencia se establece como una nación libre a raíz del largo proceso de independencia, pero para que su plenitud se mantuviese indemne, el ideario se tuvo que vincular al sistema democrático para garantizar el cumplimiento de los derechos y deberes de los ciudadanos de esta manera se buscaría ejecutar la división de los poderes en legislativo, judicial y ejecutivo, ideas promovidas por intelectuales de la talla de Sánchez Carrión.
La primera convocatoria del Congreso Constituyente se realizaría a manos de José de San Martín el 27 de diciembre de 1821 donde se tuvo como propuesta la instalación para el 1 de mayo del 1822; sin embargo, por inconvenientes, este proceso se retardaría hasta julio del mismo año. Se estableció el número de diputados en 79 propietarios y 38 suplentes, su elección sería regulada por la población de cada departamento. Este primer congreso se formalizaría el 20 de setiembre de 1822. Ante este renunció San Martín tras largas jornadas de debate sobre sus funciones, deja así la nación en libertad. Una vez retirado de la sede del congreso, los diputados eligieron como presidente y secretario a Toribio Rodríguez de Mendoza y José Faustino Sánchez Carrión. Finiquitado ello, prontamente se procedió con la elección de la primera junta directiva del congreso, tomándose como electos a Francisco Javier de Luna Pizarro quien también intervino en la conformación de la Suprema Junta Gubernativa de 1822 y como vicepresidente a Manuel Salazar y Baquíjano. Ante la renuncia inminente, se designa a la comisión ya mencionada tres miembros: José de la Mar, Felipe Antonio Alvarado y Manuel Salazar y Baquíjano.
Desde un principio las labores del congreso fueron extenuantes e intensas. Se realizaron actividades para la realización del reglamento de la junta gubernamental, así como la titulación de generalísimo a José de San Martín, el reglamento interno del congreso y la concretada constitución política del Perú sancionada el 12 de noviembre de 1823. Estas se establecieron con el fin de resguardar el accionar parlamentario y para alimentar el espíritu de la institución con una vocación permanente del servicio a la nación. Fue la experiencia vivida como funcionario en la Corte de Cádiz de Francisco Javier de la Luna Pizarro que aportaría a este respecto una estructura que favorecería al trazode las bases para la primera constitución como parte de la comisión encargada de dicha tarea.
Sobre la carta magna de nuestra nación, en aquel momento intelectuales de la talla de Sánchez Carrión y Francisco Javier Mariátegui, precursores de la independentista e ideólogos, participaría en la redacción de la primera constitución del Perú, en cuyas ideas hallaría el nacimiento de las leyes más soberanas.
Desde el uso de su seudónimo, Sánchez Carrión criticó fuertemente la monarquía defendiendo el modelo republicano como órgano de gobierno. Como intelectual condenó la soberanía del rey, anteponiendo la del pueblo, e incitó a las masas a ir en contra del poder absoluto. Uno de los principales males que condenaba Sánchez Carrión, sería la desigualdad y la monopolización de la monarquía, por lo que fue determinante al momento de contrarrestar este mal con la división de poderes, así como luchar contra los privilegios con la igualdad para el premio y para el castigo; contra el gobierno vitalicio, uno a plazo fijo, y contra el monopolio real de la propiedad, el derecho a la propiedad para todos. Combatiría así el coloniaje con la libertad, pilar fundamental para todo hombre.
Mientras que por otro lado Francisco Javier Mariátegui al compartir la secretaría con Sánchez Carrión, compartiría sus idearios por los que apostaría en una de las primeras fundaciones formales de la francmasonería. Su actuación junto a la de otros fue fundamental para el proceso de independencia por su labor conspirativa y propagandista. En 1822 fue admitido en la sociedad Patriota y se declaró abiertamente anticlerical. Mariátegui cumplió fielmente sus deberes masónicos desde 1823, acompañando a Bolívar a fundar las Logias “Orden y Libertad” N°2 y “Virtud y Unión” N°3.
Estas tres figuras que conformaron el primer congreso constituyente serían primarias para el futuro del país, sientan bases importantes que en un futuro de la República ayudarían en su organización. Al respecto de la presencia de Mariátegui, podremos ver a lo largo de todo este recuento como todos los ideales de las antes mencionadas figuras, se logran enmarcar en su figura haciendo del terreno uno próspero para el nacimiento de la masonería en el Perú. Pensamientos tales como principios de igualdad y fraternidad, un ideario liberal y demás conjuntos, los podremos seguir viendo a lo largo de este escrito donde detallaremos más su historia y la importancia de ello.








