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Historia GLP

INTRODUCCIÓN

Para recrear una línea temporal que explique el devenir de la Independencia del Perú debemos empezar preguntándonos “¿cuál es la cronología de la Independencia? Concluye de un modo claro, evidente, práctico, con la Batalla de Ayacucho, concluye con Rodil más tarde, cuando se marchan del Perú las últimas autoridades extranjeras, cuando queda el Perú gobernado solamente por los peruanos, cuando no hay autoridad española, argentina, ni colombiana”. (De la Puente 2019: p. 216)1  En la ironía de las palabras de De la Puente hallamos, pues, la verdadera respuesta. Explicar la Independencia del Perú como un hecho que comenzó con la llegada de La Expedición Libertadora a cargo de José de San Martín en 1820 y que terminó con su proclamación en 1821,  sería  seleccionar una parte de la historia para encuadrar solo una fotografía. Resulta difícil, si no es imposible, explicar de ese modo la Independencia del Perú a partir de un rango de fechas exactas porque no fue un momento en nuestra historia sino todo un proceso, inconcluso para algunos y fallido para otros. Dicho esto, hacer un recuento histórico de los hechos acontecidos en el Perú a partir de su Independencia -cubriendo, también, parte de los antecedentes de la misma- es necesario para esclarecer el panorama y visualizar el devenir de nuestra nación hasta sus casi doscientos años de autonomía.

Indudablemente, el proceso de Independencia se trató de una pugna, más que bélica, ideológica; y es en este campo en donde el absolutismo luchará contra los ideales independentistas que con el pasar de los años cobraron mayor fuerza, una pugna que fue de vital importancia para la concepción de una idea de nación y en la cual el desenvolvimiento de la masonería tuvo gran responsabilidad. Como ya sabemos, el proceso de independencia fue un movimiento continental, las corrientes ideológicas de libertad, igualdad y fraternidad que dejó como herencia la Revolución francesa, se adaptaban a cada colonia con el mismo objetivo de autonomía, en estas páginas explicaremos cómo el rol de la masonería asumió bajo su manto la responsabilidad de ese dicho pensamiento libertario que terminó por iniciar nuevas etapas históricas en muchos países que en pleno siglo XVIII seguían atadas a una metrópoli.

Nuestro objetivo yace en mencionar cronológicamente los hechos históricos más importantes de la Independencia, así como sus antecedentes y su recorrido hacia el Bicentenario, para contrastarlos con los parámetros ideológicos de la masonería, haciendo hincapié en el desarrollo y devenir de la masonería peruana. ¿Se lograron realmente estos ideales? y de no ser así, ¿qué encuentros y/o desencuentros tuvo el pensamiento de la masonería peruana con la realidad?.

Para abarcar estos temas nos respaldamos, sobre todo, en la historiografía del maestro Jorge Basadre, Historia de la República del Perú [1822-1933], de donde extraemos los periodos de la historia del Perú, así como también en el compilado de la Dra. Cecilia Bákula, Textos y testimonios para comprender el Perú en el Bicentenario, volumen I y II, publicado en el
2019, la cual nos brinda textos y testimonios –  valga la redundancia- de los intelectuales que aportaron a la construcción, modificación y continuación de la nación peruana.
Damos inicio, entonces, con los antecedentes y los motivos independentistas que, en forma de diversos acontecimientos, marcaron el comienzo del fin del sistema colonial -teóricamente-. Sin otro particular, estas páginas les dan la bienvenida.

Historia de la masonería en el Perú

El inicio de la masonería se remonta hacia los siglos XVII – XVIII, y, surgiendo en medio de una Europa eclesiástica que normalizaba el absolutismo y el teocentrismo, apostó por una ideología racionalista y filantrópica. La expansión de la Ilustración pudo sobrepasar el continente europeo hasta llegar a Hispanoamérica gracias a estas características, y no es gratuito que, con la llegada de estos ideales, los distintos países de Hispanoamérica hayan logrado su independencia. En estas líneas conoceremos un poco más acerca de la historia de la masonería en el Perú, principalmente de la Gran Logia de los antiguos libres y aceptados masones de la República del Perú fundada en 1882,   siendo   ésta   la   única   institución   que representa a la masonería regular en nuestro país.

Las primeras logias masónicas del Perú aparecieron durante el proceso de Independencia a inicios  del  siglo XIX,  dichas logias pertenecían a la jurisdicción del Gran Oriente Nacional de Colombia; sin embargo, debido a la crisis política que ocasionó la destitución de José de La Mar a manos del golpe de Estado de Agustín Gamarra, y a la crisis económica que dejó tanto la guerra de la Independencia como la guerra contra la Gran Colombia en 1828, habrá un alejamiento entre las logias peruanas y su orden superior, el Gran Oriente Nacional de Colombia, tanto así que la masonería peruana pensó que sus lazos con dicha orden se rompieron junto con la desintegración de La Gran Colombia, tras el intento fallido de Bolívar por unir el continente. De esta manera, las logias peruanas vieron necesaria la formación de un gobierno del Rito

Escocés independiente en territorio peruano, así se fundó el Supremo Consejo, el 2 de noviembre de 1830, dando cabida a la fundación de la primera Gran Logia del Perú en 1831 -que semanas después cambiará su nombre a Gran Oriente Peruano-. Desafortunadamente, la crisis política que atravesó el Perú en 1833, generó que las logias y las organizaciones recientemente fundadas cerraran sus puertas hasta el año 1844, que las diferentes logias comenzaron    a reinstalarse paulatinamente hasta el año 1855.

Logo de la Gran Logia de los antiguos libres y aceptados masones de la República del Perú fundada en 1882.


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Una serie de modificaciones de las normas internas en el año 1857 provoca la disidencia de tres logias (Virtud y Unión, Concordia Universal y Estrella Polar) quienes formaron la Gran Logia Nacional del Perú, que fue desconocida por el Gran Oriente del Perú. En el año de 1859 y 1863, aparecieron otras instituciones que fueron calificadas de irregulares por el Gran Oriente del Perú, que desaparecieron al año siguiente. En el año 1863 aparece, bajo la jurisdicción de la Gran Logia de Escocia, la logia Peace and concord N°445, y se convertirá en la introducción del Rito de York, el segundo rito en desarrollarse en nuestro país. El periodo posterior, continuó la inestabilidad, divisionismo y conflicto entre las diferentes logias masónicas peruanas, incluso aparecieron logias que respondían a Orientes de otros países como el Gran Oriente de Sicilia, por ejemplo. No fue hasta el año 1875, que el Supremo Consejo restableció la Constitución de 1864 y reinstaló la Gran Logia, con la finalidad de reactivar el Gran Oriente Peruano y suscribir el   Convenio   de   Lausana.   Dicho   Convenio permitió restablecer el orden dentro del ambiente masónico peruano, anulando el derecho del Consejo Supremo a gobernar las logias simbólicas, que le otorgaba la Constitución de 1786; y reconociendo dicho derecho a las Grandes Logias o Grandes Orientes. Lastimosamente, la Guerra con Chile significará un paréntesis en la aplicación del Convenio de Lausana, puesto que muchas logias suspenderán sus funciones en este contexto, además de la ocupación chilena de Lima en 1880. En este periodo caótico, las logias masónicas que no se encontraban suspendidas estaban   bajo   la   jurisdicción   del   Supremo Consejo del Perú o bajo la jurisdicción de la Gran Logia de Edimburgo – Escocia.  Frente a esta situación, las diferentes logias formales se organizaron en 1881 alrededor de la logia Virtud y Unión N°3, con la finalidad de constituir la Gran Logia del Perú después de no recibir respuesta del Supremo Consejo.

De esta  manera, el 05  de febrero de 1882  se constituye el Directorio, y tras 30 días de arduo trabajo se convoca la Convención el 05 de marzo del mismo año;  esta Convención reunía a las logias de la República – Orden y Libertad Nº 1, Orden y Libertad Nº 2, Virtud y Unión Nº 3, Parthenon Nº 7, Alianza y Firmeza Nº 16- que ya se habían organizado previamente y habían concluido con la instauración de una Gran Logia de Antiguos Libres y Aceptados Masones para la República del Perú, también conocida como la Gran Logia del Perú.

A partir de ese momento, y para evitar alguna irregularidad con el Supremo Consejo, la Gran Logia del Perú decide abandonar el Rito Escoses y practicar el Rito de York, de esa manera desarrollarán   sus   funciones   hasta   1927   en donde, por medio de un tratado, la Gran Logia del Perú, el Rito Escoses, el Rito de York y el Supremo Consejo Confederado del Perú comienzan a trabajar en conjunto dentro de la misma logia.

A lo largo de los años, se han ido incorporando nuevas logias y, siendo la Gran Logia del Perú, la única institución masónica regular del país, gobierna y administra a todas las logias simbólicas del oriente del Perú hasta nuestros días, convirtiéndose en un organismo intelectual clave para el Perú.

 

2.1.    Nación e ideal masónico

Una vez contextualizada la masonería en territorio peruano, podemos proceder a preguntarnos por los preceptos sobre los cuales construyeron su idea de nación, la cual fue motor y motivo de su gran participación en las independencias hispanoamericanas. Retomamos, entonces, la pregunta ¿qué es nación? En 1983, Benedict Anderson publica su libro Comunidades imaginadas y afirma que no sería posible explicar el concepto de nación sin antes revisar el de comunidad imaginada, dicha comunidad “es imaginada porque aún los miembros de la acción más pequeña no conocerán jamás a la mayoría de sus compatriotas,  no  los verán ni  oirán  siquiera hablar de ellos, pero en la mente de cada uno vive una imagen de su comunión.” (Anderson, 1993, p. 23) Es decir, gracias a su componente simbólico, la comunidad imaginada permite que las personas se puedan percibir a sí mismas como parte de algo más grande, y en medida de que esto coincida o no entre unos y otros, existirán distintas comunidades imaginadas; bajo ese sentido, la nación es ese todo que reúne a distintos individuos, brindándoles identidad. Por ende, el nacionalismo surge, como todas las construcciones sociales, de la interacción y asimilación inconsciente del entorno socio – cultural, mediante un proceso de condensación e interiorización de una predeterminada comunidad imaginada.

De esta manera, la masonería peruana desarrollará un ideal de nación que conciba hombres nuevos para construir un mundo nuevo, “el masón está, pues obligado a mantenerse alejado de los vicios y a procurar su propio perfeccionamiento mediante el trabajo y la superación de sus defectos.” (Carnicelli, 1970, p. 20) Es por ello que fomentaron, a través de ideas ilustradas traídas desde la Revolución francesa, el desplazamiento del colonialismo a manos de la democracia. No es gratuito, pues, que las Independencias de Hispanoamérica hayan sido propiciadas y lideradas, en su mayoría, por masones. Por ello, podemos afirmar que la masonería tuvo una repercusión directa en la formación de nuestro país como República, y de todos los países hispanoamericanos.